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Industria del turismo de RD es primera del Caribe, proclama hotelero Frank Rainieri

FRANK R. RAINIERI M.
DISCURSO ANTE LA CÁMARA AMERICANA DE COMERCIO DE LA RD
“LA CÁMARA AMERICANA, EL TURISMO Y EL EMPRESARIO DEL SIGLO XXI


-Señor Gustavo Taváres, Presidente electo de la Cámara
Americana de Comercio
-Miembros del Consejo de Directores de la Cámara
-Distinguidas personalidades presentes
-Amigos todos

Muy buenas tardes.

Me complace la oportunidad de volver a compartir mis reflexiones en este escenario de la Cámara Americana de Comercio, institución que significa mucho para mí porque en su seno pude actuar y desarrollar mi vocación para el trabajo social. Y como joven empresario, ensayar mi visión sobre lo que hoy modernamente se define como responsabilidad social corporativa; que para mí es el compromiso de los empresarios de ir más allá de sus negocios, usar sus capacidades para actuar en la transformación de su entorno y aportar para que la sociedad se desarrolle de manera equilibrada, y el progreso beneficie a todos, o por lo menos, a la gran mayoría.

          Aprovecharé para compartir  con ustedes y desde mis experiencias como empresario,  mi forma de ver aspectos de la historia reciente.

AMCHAMDR, LOS RETOS DE AYER Y LOS DE HOY 
A la generación de pasados líderes de esta Cámara, y a la cual pertenezco, nos tocó actuar en un período políticamente complejo y tenso.  Pero logramos convertir la Cámara en una plataforma ejemplo de pluralidad y compromiso que permitió prácticas sociales y políticas, que abrieron nuevos senderos y contribuyeron a crear las condiciones para un quehacer institucional y empresarial más dinámico y plural.

En el campo social fue una innovación el apoyo de la Cámara al activismo desarrollista del Padre Luis Quin, quien como líder comunitario, cambió el panorama de San José de Ocoa en los años 70 y 80.  También trabajamos en los proyectos sociales del entonces Padre Camilo en los barrios de la zona Norte de Santo Domingo.

Estos proyectos le ganaron a la Cámara el reconocimiento del Gobierno de los Estados Unidos, y como vicepresidente de la organización, tuve el privilegio de recibir el “Presidential Citation Award”, entregado en Washington durante un almuerzo ofrecido por el Presidente Reagan.
Con esta visión, en 1986, la Cámara organizó los almuerzos con los candidatos presidenciales. Por primera vez el empresariado se reunió públicamente con los aspirantes a la Presidencia, para escuchar sus propuestas de gobierno.  Fue también la primera oportunidad que tuvo el Profesor Juan Bosch de exponer sus ideas a la gente de negocios en un encuentro abierto. Esto contribuyó a cambiar la forma de contacto de los empresarios y líderes políticos.

Hace 30 años estas intervenciones fueron iniciativas atrevidas, pero haberlas lanzado contribuyó al ambiente que hoy disfrutamos, y en el que son iniciativas integradas al quehacer regular de la vida empresarial.

El escenario político ha cambiado y la economía tiene otro dinamismo.  Pero para el empresariado, el reto es el mismo. Porque ayer como hoy, lo que tenemos que decidir es si nos quedamos en nuestros negocios y olvidamos el entorno social y político en que ellos existen, o si actuamos como entes comprometidos y proactivos, para mejorar nuestra sociedad y su entorno.

En realidad, no hay elección. Podemos decidir cómo hacerlo, porque no hacerlo, no es una opción. Y es así  porque el progreso que necesitan nuestras empresas para crecer, sólo es posible si asumimos nuestra responsabilidad como agentes de cambio social y medio ambiental. El país sólo avanzará al ritmo que necesitan nuestros negocios, si nos comprometemos en el perfeccionamiento de nuestro sistema político para tener una democracia funcional. Y si construimos una sociedad libre, plural e incluyente que distribuya equitativamente los beneficios del desarrollo.

Debemos evitar la tentadora trampa de renunciar a una visión de largo plazo y a la institucionalización del país, para ir tras la ilusión que ofrecen los beneficios de corto plazo y las ventajas particulares. Estas no son oportunidades reales pero sí de alto riesgo, en los que la libre empresa acaba degenerándose por los favores del poder político, degradándose las instituciones y corrompiéndose los procesos. Un ambiente en los que la inequidad y concentración de las riquezas y el poder, alienta riesgosos escenarios de inestabilidad social en que el futuro de las empresas y de la sociedad, es incierto.

El empresariado es un generador de riquezas y debe ser agente de cambio social y ambiental, que sin renunciar a los beneficios legítimos de sus negocios, contribuye a mejorar las condiciones de vida de la sociedad. Debe impulsar el crecimiento institucional, ser proactivo  en las organizaciones y estar atento al devenir político y al diseño y seguimiento de las políticas públicas. Ser pro-activo sin esperar que el Estado lo resuelva todo, pero al mismo tiempo, exigirle el cumplimiento de sus deberes y compromisos.  En pocas palabras: Ser empresarios del siglo XXI.

EL TURISMO EN EL MUNDO 20 AÑOS DESPUES

Estas reflexiones sobre el empresario del Siglo XXI y la visión de futuro, me llevan a repasar lo que ha pasado en los últimos 20 años, a propósito de mi participación en este almuerzo mensual en septiembre de 1995. Hablé sobre turismo y desarrollo y presenté un atractivo panorama de lo que significaba este sector para el futuro del país. Algunos, lo consideraron una visión exageradamente optimista.

Los hechos me han dado la razón y mis expectativas, como veremos más adelante, fueron superadas.  Para el 2013, casi veinte años después, el turismo representa el 9% del producto interno bruto mundial, es responsable de 1 de cada 11 empleos, de 1.4 trillones en exportaciones, del 6% del comercio mundial y del 30% de las exportaciones de servicios. 

Todos los sectores de alta incidencia en la economía, han tenido períodos notables de inestabilidad y decrecimiento. El turismo, a pesar de las convulsiones sociales y las crisis económicas, no ha parado de crecer y demostrar su resistencia y rápida capacidad de recuperación.

Ha sido el primer sector productivo en superar la actual crisis económica mundial, y actuar como motor de la recuperación en Europa, y especialmente en España.

Mientras en el difícil período 2000-2010, la economía mundial creció un 3.4%, el turismo registró un incremento de 9.7%. En los últimos 60 años, el desempeño del turismo ha superado al resto de la economía.

La expansión del turismo puede calificarse como espectacular. En el año 1995 se registró la llegada de 528 millones de turistas. Desde ese año hasta el 2014, se duplicó para registrar 1,138 millones, que es un crecimiento superior al 115%. Para el 2030, que parece lejos pero llegará pronto, la Organización Mundial del Turismo espera la llegada de 1,800 millones de turistas, lo que significa sumar en promedio más de 40 millones por año.

Estas realidades globales tienen mucho que ver con nosotros.

Es muy interesante señalar que si bien las potencias turísticas mundiales son las economías más desarrolladas, la cuota de mercado de las economías emergentes es la de mayor crecimiento, pasando del 30% en 1980 al 47% en el 2013, y las proyecciones para el 2030 apuntan a que llegará al 57%.

En los últimos años, las organizaciones internacionales han comenzado a utilizar el turismo como una estrategia para mitigar la pobreza. En nuestro propio país, vemos su interés en apoyar proyectos de desarrollo turístico vinculados a las comunidades. Es hora de que el país vea estas experiencias y definitivamente articulemos al turismo con toda la estructura económica y social del país.

DOS DECADAS DE CAMBIOS EN RD

Permítanme recordar las proyecciones de crecimiento para el turismo dominicano, que presenté en este foro en 1995. Dije que considerando las expectativas del mercado mundial, y el ritmo de crecimiento de las llegadas de turistas al Caribe y a nuestro país, para el año 2000 habríamos construido más de 10 mil habitaciones, elevando nuestra oferta a 40 mil; que pasaríamos de 1.3 a 2 millones de turistas y el ingreso por turismo aumentaría de 1,428 a 1,700 millones de dólares.

El objetivo era retador, pero nos quedamos cortos porque todas nuestras proyecciones fueron superadas. Al cerrar el año 2000, a nuestros aeropuertos llegaron 2.4 millones de turistas, un 20% más; se computaron  más de 51 mil habitaciones, un 25% más; y recibimos 2,860 millones de dólares, un 68% más.

Punta Cana, que es hoy la principal zona turística del país y del Caribe, entre 1995 y el 2,000, pasó de 8 mil a 16 mil habitaciones para un crecimiento del 100%. Hoy tiene más de 34 mil. Las llegadas de turistas pasaron de 394 mil a 863 mil para una expansión del 119%. El año pasado recibimos 2.9 millones de turistas. Actualmente, el aeropuerto internacional de Punta Cana recibe más del 66% de los turistas que llegan por vía aérea al país, y el 13% de los que llegaron al Caribe el año pasado. Está incluido en la lista de los 10 más importantes de América Latina.

El progreso de la industria turística mundial y local, ha pulverizado el pesimismo de los analistas económicos y potenciales inversionistas, que hace dos décadas percibían al turismo como una actividad frágil e inconsistente, y por lo tanto un sector muy riesgoso para las inversiones. Las oportunidades siguen ahí y los empresarios del siglo XXI sabrán aprovecharlas.


LO QUE NOS APORTA EL TURISMO

Muchas de las críticas del pasado al sector turismo, se han diluido bajo el peso de los hechos, pero de vez en cuando alguno cuestiona sus aportes al desarrollo y a las arcas del Gobierno.

Veamos. Para septiembre del 2014 el Banco Central reporta que el ingreso por “Hoteles, Bares y Restaurantes” fue de 7.6% del PIB; pero ese indicador es limitado, y no recoge la participación de toda la industria. Si seguimos el método de Cuenta Satélite de Turismo,  recomendado por el organismo de estadísticas de las Naciones Unidas,  tenemos que el aporte directo e indirecto del turismo al Producto Interno Bruto en la República Dominicana durante 2014 fue de 15.1% según cifras preliminares del análisis anual de la Universidad de Oxford para el Consejo Mundial de Viajes y Turismo.

Esta referencia confirma que nuestra economía no puede sostener su actual nivel de dinamismo,  sin el estimulante aporte del turismo.

          La ley de incentivo turístico, tan cuestionada hoy en día, no ha sido apropiadamente analizada, porque en realidad es una ley de competitividad. El último estudio sobre la fiscalidad del turismo, se realizó en el 2012 y estimó que los aportes directo, indirectos e inducidos por el sector turismo al fisco, sumaron 45,228 millones de pesos, el 16% del total de las recaudaciones tributarias. Ese año el Ministerio de Hacienda, estimó los incentivos fiscales del Estado al turismo, en unos 3,600 millones  de pesos. Es decir que por cada peso en incentivos, el turismo le produjo 12 pesos en ingresos al Estado, que recibió el 24% del consumo turístico y 235 dólares por cada turista que llegó al país. Un excelente negocio.




CUBA ¿UNA AMENAZA?

Un tema al que debo referirme, es el impacto que podría tener en nuestro turismo, la normalización de las relaciones de Estados Unidos y Cuba.

Desde hace dos décadas el producto turístico dominicano y el cubano, compiten en los principales mercados de Europa y América, con la única excepción de los Estados Unidos. Ambos países compartimos la presencia de grandes cadenas hoteleras, principalmente españolas; incluso algunas de las más importantes, tienen más habitaciones disponibles en Cuba que en República Dominicana. Sin embargo, con excepción de Canadá, en todos los mercados, nosotros hemos superado a nuestros vecinos. En los últimos tres años, la llegada de turistas a los aeropuertos dominicanos, ha superado por más de un millón de viajeros, a las registradas en Cuba.

          Los recursos naturales son similares pero la eficiencia de la industria turística dominicana, supera a la cubana. Somos líderes indiscutidos en el Caribe y superamos por más de un 30% a Cuba que ocupa el segundo lugar, pero no podemos dormirnos en nuestros laureles.  Esa posición no es imbatible y tenemos que seguir superándonos para mantenerla.

          Por más de cuatro décadas, Cuba ha sido la fruta prohibida para los norteamericanos, que es nuestro mayor mercado, por lo que debemos esperar que cientos de miles se desplacen hacia ella.

No le temo a la competencia. Nuestra industria turística nació compitiendo, primero contra las trabas locales y después en todos los escenarios internacionales. No se llega a cinco millones de turistas y más de 68 mil habitaciones, por casualidad.

Les confieso, sin embargo, que sí le temo a que los dominicanos nos demos un tiro en el pie. Primero, por no entender cómo hemos llegado hasta aquí y con plena conciencia de lo que hemos hecho bien, para mantenerlo y mejorarlo, y de lo que hemos hecho mal, para superarlo. Segundo, por creer que podemos manejar la industria turística “a la dominicana” y manipularla con los métodos de la vieja escuela, siempre inclinada a crear controles, reglas proteccionistas o impuestos irracionales, desconociendo que el turismo es una actividad global y se compite con el mundo, en un mercado internacional que tiene una dinámica fuera de nuestro control.

¿Qué hacer? Lo primero es analizar y tomar acción en los temas en los que tenemos deficiencias y Cuba nos supera. Entre otros, la gestión del turismo como una política de Estado, la educación de la población y la estabilidad de sus leyes.

Quiero dar especial tratamiento a dos temas en los que Cuba nos supera. Me refiero a la salubridad y a la seguridad. El turismo y la insalubridad, la violencia y el crimen, son excluyentes. Las evaluaciones de los organismos internacionales en este ámbito, nos colocan en un mal lugar. Se impone tomar medidas urgentes porque es una seria amenaza de corto plazo, para la competitividad turística de nuestro país, y para la población en general.

Pasemos a algunos temas imprescindibles a mejorar.

Necesitamos enfrentar de manera decidida, el desorden que tenemos en el transporte, que representa altos costos para los ciudadanos, las empresas y la economía, en sentido general.

Tenemos que aprovechar el éxito y renombre que nos ha dado nuestro producto todo incluido, fortaleciéndolo con ingredientes culturales y de identidad local.

Debemos darle un impulso al ecoturismo, un segmento en crecimiento que genera altos ingresos y prestigia el destino.  Asimismo, fortalecer el desarrollo del turismo inmobiliario de segundas viviendas, que ofrece la ventaja de crear una base estable de conexión con los mercados, porque la inversión en una propiedad, crea raíces.

Necesitamos un pacto con la clase política para crear un  nuevo compromiso a escala municipal y nacional, que lleve a soluciones consensuadas y a la erradicación de la improvisación legislativa, y las normativas fuera de contexto. Debemos pasar a la etapa de leyes, regulaciones y una fiscalidad para el turismo, pensadas para el largo plazo.


Y sobre todo, tenemos  que desarrollar una visión innovadora para mantener y reforzar nuestra posición en los mercados que tenemos, y para abrir nuevos nichos y mercados que nos permitan seguir creciendo.

El turismo de salud, cada vez con mayor crecimiento a nivel mundial, y que abrirá las puertas de trabajo a una clase profesional, es un nuevo nicho para el que tenemos que crear estrategias consensuadas. La Organización Mundial de la Salud estima que en el año 2017 más de 16 millones de norteamericanos, viajarán para algún tratamiento médico y gastarán 373 mil millones de dólares.

Asimismo, debemos promovernos como destino de compras, aplicando el Tax Free, utilizado con gran éxito en 25 destinos turísticos y que además es una forma de transparentar las cuentas.

Necesitamos crear nuevos destinos turísticos, concebidos para captar nichos de mercados que ahora no tenemos. Y fíjense que hablo de crear destinos, porque un hotel por sí sólo no es un atractivo turístico.

En este punto quiero hacer énfasis en el tema eléctrico. Los destinos turísticos necesitan contar con la seguridad de un suministro energético estable y seguro. Los llamados sistemas aislados, sin los cuales no habríamos alcanzado el grado de desarrollo turístico del que hoy  gozamos, siguen siendo espina dorsal de nuestra médula turística. El año pasado, en La Romana y Punta Cana, se registraron apenas 3 horas de apagones no programados. Comparemos esto con la situación del resto del país y quizás nos ayude a entender las necesidades de nuestro sector. Ello nos lleva a exhortar al análisis ponderado de la situación de los sistemas aislados en el pacto eléctrico,  y recomendar que se analicen las diferencias entre los sistemas existentes, y se exijan los resultados concesionados.

Es justo reconocer, y lo hacemos con gran satisfacción, el trabajo que el actual Gobierno ha realizado con la terminación y construcción de modernas vías de comunicación, que ha hecho realidad el tan anhelado sueño de nuestro sector, del desplazamiento de los turistas. Ahora debemos desplegar esfuerzos e inversiones en otros aspectos imprescindibles para la consolidación de nuestro producto turístico. Me refiero a hospitales públicos, acueductos, sistemas para recolección y tratamiento de aguas servidas, en las zonas turísticas. 

EL TURISMO Y LA SILENCIOSA REVOLUCIÓN CAPITALISTA

Deseo concluir trayendo a esta sala, el pensamiento de un reconocido y profundo analista de nuestra historia reciente, que en su último estudio titulado “El Gran Cambio”. Al abordar el tema del turismo dice: “El desarrollo turístico ha sido rápido e impresionante, y ha pasado a ser uno de los motores principales de la economía dominicana”.

Frank Moya Pons y el Banco Popular que patrocina esta publicación, han hecho un encomiable servicio al país, con esta educativa obra que nos muestra los orígenes de la  “profunda revolución” que hemos vivido en los últimos 50 años; y en la cual, el salto del turismo “Ha sido sencillamente espectacular”, según afirma el autor.

Comparto las conclusiones del historiador sobre el papel del turismo, sobre todo cuando afirma que este sector, además de crear empleos y generar divisas, tiene la singularidad de ser “Uno de los más poderosos factores de cambio que ha tenido el país en toda su historia”.

De ser un país exportador de azúcar, café y cacao, hoy el consumo turístico de alimentos de origen agropecuario, genera más ingreso a los agricultores, que las exportaciones.

Los aportes del turismo a la vida de los dominicanos, lo han convertido en un factor imprescindible, ¡gracias a Dios!, porque el oro de las montañas se acaba; pero el sol, el mar, la naturaleza y nuestra cultura, pueden ser para siempre, si los cuidamos.

Hemos hecho la revolución capitalista. Ahora tenemos que hacer la revolución social que transforme a nuestro país, en una sociedad equilibrada y con un progreso que beneficie a todos.

Solo así, seremos, realmente, empresarios del siglo XXI.

¡Muchas Gracias!
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